Vaginismo, una oportunidad para reapropiarse de una vida sexual satisfactoria

El vaginismo consiste en una contracción involuntaria de los músculos del perineo y de la vagina. Aunque los órganos genitales sean normales (reaccionan perfectamente a la excitación y se puede obtener el orgasmo mediante la estimulación del clítoris), por reflejo, el orificio vaginal se cierra, impidiendo cualquier penetración. El vaginismo también dificulta o imposibilita el examen ginecológico, así como la utilización de tampones durante la menstruación.

Aunque la definición o descripción del vaginismo se ha mantenido inalterable en el tiempo, la explicación sobre sus posibles causas han ido variando a medida que se ampliaba  también nuestra concepción de la sexualidad que abarca no solo el ámbito de lo físico sino también, y sobre todo, el ámbito psicosocial que va a resultar determinante en nuestro concepto de sexualidad y cómo nos percibimos a nosotras mismas como personas sexuadas.

Acorde con la evolución del concepto de  sexualidad, se produce también una evolución en la concepción de muchas de las llamadas “disfunciones sexuales” descritas por la medicina tradicional. Así, las primeras descripciones sobre el vaginismo (así como otras disfunciones sexuales de las mujeres) eran explicadas como alteraciones puramente físicas, por lo que el problema se centraba en que algo que estaba mal en los genitales de la paciente/mujer (en este caso los músculos de la vagina). Este tipo de explicaciones no solo aumentaban la culpabilización de la mujer, aunque en un primer momento se pudiera sentir liberada por hallar una explicación a “su problema”. Otra de sus consecuencias es que al ser un problema físico “algo no está bien” se dejaban de buscar otras posibles soluciones.

Después estas explicaciones puramente físicas fueron sustituidas por explicaciones que ponían el acento en causas fisiológicas, es decir, no es que algo estuviera mal sino que algo funcionaba mal en los genitales femeninos. El tratamiento desde esta perspectiva se centraba por tanto en aumentar la funcionalidad de la vagina, ejercitarla para revertir este mal funcionamiento. Así uno de los tratamientos que se proponen son los conocidos ejercicios Kegel para relajar la musculatura. Ejercicios que además fomentan en la mujer el conocimiento y control de su propio cuerpo, algo indispensable para caminar hacia una sexualidad más placentera.

Aunque el tratamiento desde el punto de vista fisiológico (como los ejercicios kegel) puede suponer avances en conseguir una penetración no dolorosa, en muchas ocasiones no es suficiente y el dolor aunque mengua no es eliminado totalmente. Por eso, normalmente estos tratamientos para hacerlos más eficaces han de ser relacionados con causas emocionales, psicológicas. Miedo, ansiedad, algún hecho traumático que nos produce bloqueo, prejuicios sexuales internos, etc. Esta tensión emocional que nos produce la penetración genera en la vagina una respuesta de contracción y cierre que impide la dilatación y relajación necesaria para el disfrute.

Normalmente en el 90% de los casos, la causa del vaginismo es de orden psicológico y por lo tanto el objetivo de la terapia es, ante todo, relajar los músculos de la vagina, buscar otras alternativas al coito. Las mujeres que padecen vaginismo (salvo en casos severos) no tienen impedimento para experimentar sensaciones genitales, placer sexual o el orgasmo mediante la estimulación externa del clítoris. Por tanto la terapia debe de ir encaminada a que la mujer vaya poco a poco reapropiando se su sexualidad para volver a una vida sexual satisfactoria.

Todo el ruido que tenemos dentro de lo que debería ser y que no está siendo no nos deja escucharnos y necesitamos de una ayuda externa. Por eso parte de la solución consiste en acudir a un especialista. Si sufres esta disfunción, no te resignes y pide ayuda, no solo mejorarás las relaciones sexuales y de pareja, sino que te estarás enfrentando a tus propios miedos y creciendo como persona. Una oportunidad para reapropiarte de su placer y tu sexualidad.