Reflexiones sobre la masturbación y el orgasmo femenino

La masturbación es la parte de la actividad sexual más afectada por mitos y censuras. Se decía que la masturbación masculina causaba ceguera, tuberculosis, impotencia y un sinfín de enfermedades. De la masturbación femenina ni se hablaba, como si no existiera.
 
Aunque sabemos muy bien que todo eso es falso, hombres y mujeres se masturban y no sólo no es malo sino que es algo muy saludable. De lo que sí han servido todos estos falsos mitos es para que la masturbación haya estado muy mal considerada, sobre todo la femenina. A pesar de que son prácticas que hombres y mujeres realizamos, muchas chicas siguen aún sintiendo pudor y cierta vergüenza de expresar libremente su sexualidad y decir públicamente, sin ningún rubor, que se masturban.
 
Es cierto que los chicos tienen una ventaja masturbatoria sobre las chicas puesto que pueden ver y sentir sus penes, sus erecciones, el proceso y finalmente su eyaculación. Toda la evidencia de la excitación sexual es concreta. No sólo esto, sino que de manera implícita se espera que los muchachos se masturben. De adolescentes sabes que los chicos se hacen “pajas”  lo comentan, lo expresan en público y sin embargo tú nunca te crees con la autoridad suficiente para, sí lo haces, decirlo tan libremente como lo hacen ellos.
 
Las muchachas no pueden ver sus genitales directamente. Como resultado es perfectamente natural el querer examinarse. Todas de pequeñas nos hemos tocado, y al poner la mano en la entrepierna siempre había alguien que te reñía por tocarte “ahí abajo”, considerándolo como algo sucio y feo. Esto nos ha condicionado de tal modo, que incluso nos ha podido ocurrir cosas como la de ir a ponerte el primer tampón de tu vida y tener miedo de no metértelo por el agujero correcto, desconociendo por completo tus propios genitales. Es algo que ahora nos puede sorprender, y sorprende aún más sabiendo que a esa edad tus amigos, chicos, hacía tiempo que se reunían, se ponían en círculo y se masturbaban, divirtiéndose mucho con ello. Algo que resulta impensable entre las chicas, ya que incluso ni siquiera entre nosotras solemos hablar de nuestras prácticas masturbatorias de forma corriente y natural.
 
La masturbación es tocarte, acariciarte, en definitiva conocer tu sexo y los gustos de una misma. Es algo absolutamente normal y además muy sano y saludable. El amarse a una misma implica el conocer y amar tu propio cuerpo y aceptarlo como es. Es bueno mirarse, tocarse y sentirnos bien con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad.
 
Conocer tu cuerpo es esencial para tener orgasmos ¿cómo vas a orientar a tú pareja sobre lo que te gusta y excita si no lo has probado tú antes? La masturbación no sólo es compatible con la vida sexual en pareja, sino que ayuda a disfrutarla. El orgasmo es una experiencia individual que tiene muy diversas formas e intensidades y una misma mujer puede vivirlo de forma distinta dependiente de la ocasión, el deseo, la postura, la edad o la pareja.
 
Para poder disfrutar es importante enterrar mitos y dudas sobre el orgasmo femenino. Marina Castro, terapeuta sexual y directora del Taller del Orgasmo, un seminario que se imparte en el Instituto de Estudios de la Sexualidad y la Pareja en Barcelona, nos señala algunos mitos existentes y nos aclara las dudas.
 
Mito 1: Los orgasmos vaginales son los más comunes.
 
No es verdad. Muchas mujeres dicen no tener orgasmos de la forma adecuada, es decir con la penetración. Ante este hecho existe una estadística demoledora “el 80% de las mujeres no tienen orgasmos SÓLO con eso. Es necesaria la estimulación de otras zonas erógenas como el clítoris, los pechos, etc., para alcanzar un nivel de placer elevado.
 
Mito 2. El clítoris es un botón.
 
Desde el punto de vista anatómico, el clítoris no es un botón –con propiedades maravillosas, por supuesto– sino una especie de raíz. Su extremo sería esa parte visible, ese botón, pero sus terminaciones nerviosas llegan hasta la entrada de la vagina. Esto explica que esta última sea también una importante zona erógena y echa por tierra una pregunta mítica: "¿Eres clitoriana o vaginal?". Jamás nada fue peor cuestionado.
 
Mito 3. Misterioso punto G y la eyaculación femenina.
 
El punto G es un tejido esponjoso que rodea la uretra junto con las glándulas que segregan el líquido lubricante que cubre el interior de la vagina y que no es el mismo lubricante que se segrega en la zona exterior. Cuando la mujer se excita, estas glándulas interiores segregan más lubricante y este exceso es absorbido por el llamado punto G, que con el líquido se agranda. Por eso, este punto sólo se puede detectar durante la excitación, cuando esa zona ha experimentado un crecimiento y es, por tanto, palpable.
 
La caricia directa sobre este punto en un inicio produce ganas de orinar, pero si se sigue estimulando es muy gratificante para las mujeres y puede conducir al orgasmo y, a veces, a la expulsión de este líquido lubricante. Es lo que se conoce como eyaculación femenina. Para una mujer es difícil llegar ella misma a su punto G, a no ser que lo haga ayudada de algún juguete sexual. También puede hacerlo la pareja, y es más fácil que llegue a este de forma manual, introduciendo dos dedos dentro de la vagina.
 
Mito 4. Multiorgásmicas por naturaleza.
 
Es cierto que hay mujeres que pueden tener dos, tres o cuatro orgasmos seguidos, pero también hay muchas que después de experimentar placer no soportan que les estimulen de nuevo porque la sensibilidad en la zona es muy alta. Por tanto, ni se aprende a tener unmultiorgasmo ni el multiorgasmo es una propiedad inherente a la naturaleza femenina.
Por otra parte, un orgasmo múltiple no son fuegos artificiales por triplicado. Hay quien tiene la experiencia de un rato sostenido de placer suave con algunos picos un poco más intensos y eso, desde el punto de vista fisiológico, también puede considerarse un orgasmo múltiple.
 
Mito 5. Y cuando llega la vejez, pocos orgasmos seguro.
 
Una mujer puede tener orgasmos hasta el final de sus días y tenga la edad que tenga. Es cierto que el debilitamiento de la musculatura pélvica y los cambios hormonales que acompañan a la menopausia o el uso de medicación suelen jugar en contra de la respuesta sexual, que puede ser más lenta. Pero a un ritmo u otro, con la ayuda de lubricantes o sin ella, se puede llegar al orgasmo. "En general, las mujeres que han tenido una vida sexual satisfactoria la mantienen con las modificaciones necesarias, del sexo sólo se jubila quien quiere", dice Marina Castro.