Personas con VIH, mayor longevidad y calidad de vida

Actualmente las personas con VIH pueden llegar a vivir casi tanto tiempo como la población en general,  siempre y cuando sigan su tratamiento y unas pautas de vida adecuadas. Sin embargo, los estudios apuntan que tienen más probabilidades de padecer ciertas enfermedades debido a la debilidad de su sistema inmune, sobre todo con la edad.

Estas son algunas de las conclusiones del congreso sobre VIH que se ha realizado en Sevilla, “VIH, ir más allá de la indetectabilidad”, organizado por Gilead.

Los pacientes cada vez llegan a una edad media mayor, por lo que también sufren de más enfermedades asociadas a la vejez, no solo debido a estas y otras infecciones de transmisión sexual.

Al ser una enfermedad inflamatoria sistémica, se relaciona con la afectación de múltiples órganos, algunos con evolución crónica. Pueden aparecer neoplasias (que de por sí no definen que se haya desarrollado SIDA), a menudo como síntoma de envejecimiento prematuro.

El tratamiento antirretroviral que se proporciona actualmente garantiza el control de la carga viral característica del VIH, la disminución de la misma y, con el tiempo, se llegará a la supresión total. Por lo tanto, se puede realizar una vida absolutamente normal.

No obstante, al tratarse de una enfermedad crónica, aumenta el riesgo de enfermedades del corazón, alteración de la densidad ósea e incrementa las posibilidades de desarrollar tumores, más frecuentes en personas con VIH que en las personas sin la infección, según los últimos estudios.

Se recuerda que las personas afectadas por el virus deben seguir con mayor rigor los hábitos saludables recomendados para la población en general. Es decir, les afectarán especialmente el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, la diabetes y la hipertensión.

La prevalencia de estas últimas morbilidades (diabetes e hipertensión), así como la de la osteoporosis, la disfunción renal y las alteraciones cardiovasculares es mayor en personas con VIH. Del mismo modo, al tener un envejecimiento prematuro y que cada vez más personas infectadas llegan a edades elevadas con la infección, también se conoce que el deterioro cognitivo es más probable en este tipo de pacientes.

Como conclusión, las jornadas apuntaron que la mera disminución de la carga viral (o incluso su supresión) mejoraba la calidad de vida pero no otorga absoluta “estabilidad clínica”. Para garantizar una mejora más significativa se deben evaluar los avances a largo plazo tanto del VIH como de los efectos secundarios de los tratamientos antirretrovirales, ya que cada vez habrá más pacientes que vivan muchos años.