Médicos especialistas afirman la imposibilidad de definir por ley un listado de malformaciones fetales para poder abortar.

El secretismo y ocultismo con el que se está tramitando la reforma de la actual ley de aborto no es una novedad, todo son especulaciones sobre las modificaciones que sufrirá el anteproyecto presentado. Lo que se cree muy improbable es que las modificaciones que puedan presentarse introduzcan un tercer supuesto de malformación fetal, ha esto se ha negado una y otra vez el Ministro Gallardón con argumentaciones falaces e hipócritas. En contra de muchos miembros de su propio partido y del rechazo mostrado por la inmensa mayoría de la sociedad.

Lo que parece más probable es que en la modificación del anteproyecto de ley de aborto presentado por el Gobierno se introduzca un listado concreto y cerrado de malformaciones fetales, siguiendo las recomendaciones del Consejo General del Poder Judicial. Así, a través de una compleja formulación jurídica, la futura ley podría establecer que la mujer embarazada de un feto con malformación está, a priori, expuesta a sufrir un daño psicológico; y por tanto, podrá abortar si decide hacerlo, acreditando únicamente que el feto padece esas anomalías.

Sin embargo según afirman las y los especialistas médicos, como el Presidente de honor de la Societat Catalana de Obstetricia i Ginecología, “no es posible detallar en una ley una lista de malformaciones y los síndromes que pueden ser detectados en la etapa fetal, y definir la gravedad o compatibilidad con una vida digna de dichas alteraciones” “Esta posición es unánime entre los especialistas. El concepto de discapacidad no forma parte de la terminología médica: todas las personas tenemos un cierto grado de discapacidad para algo”

El debate que se plantea con la introducción de un listado cerrado de malformaciones aleja aún más la decisión de abortar de la mujer gestante, en situaciones (muchas de ellas)  en las que las malformaciones se producen entre la semana 18 a 22 en mujeres con embarazos deseados. Este conflicto que vive la mujer en el que la elección es muy dura y difícil, cualquier retraso, complicación u obstáculo que impida que la mujer decida lo que quiere hacer es de una crueldad absoluta.

Además según Carreras, la decisión de si se mantiene un embarazo o no con una malformación solo debe corresponder a la pareja e insistió “tenemos la impresión de que el ministro Gallardón se está inventando una terminología pseudomédica para no decir claramente que no aprueba el aborto en ningún caso”.

Por otro lado «aunque una malformación fetal incompatible con la vida del futuro niño podría ser definida como la alteración más grave, la realidad demuestra que hay muchas otras circunstancias que pueden tener esa misma consideración -concluyó Carreras-. Existen malformaciones que no impiden que el niño viva, para las que no existe tratamiento y que pueden dejar unas secuelas tan graves que impidan llevar una vida digna de un ser humano» afirma Carreras.

Además se cuestionaría la utilidad terapéutica del programa actual de control del embarazo que tiene como objetivo detectar alteraciones genéticas y morfológicas de las que se informa a la embarazada para que esta decida si prosigue o no su gestación.

En definitiva, introducir un listado cerrado de malformaciones fuera de las cuales las mujeres no podrán decidir si continuar o no con su gestación supone infligir, en situaciones altamente complicadas, un gran sufrimiento y crueldad hacia la mujer, sin contemplar las secuelas que esta imposición por ley puede suponer para su futuro.