Las fantasías sexuales en el sexo

En la sexualidad todo vale para obtener más satisfacción mientras no se haga daño a nadie. Las fantasías pueden ser una buena manera de mejorar nuestra sexualidad porque nos descubren nuevos escenarios de placer, ayudan a romper la rutina y nos dan esa libertad que rara vez encontramos en el día a día. Por eso lo primero que hay que dejar claro es la diferencia entre fantasía y deseo. Las fantasías sexuales son ensoñaciones imaginarias en las que reproducimos un escenario erótico para obtener satisfacción. Están en nuestra cabeza, por lo que muchas veces no queremos llevarlas a la realidad. Con el deseo, sin embargo, sí que tenemos la voluntad de ponerlo en práctica. De hecho, muchas de nuestras fantasías si las lleváramos a cabo no nos darían placer. Por ejemplo, muchas personas fantasean con el sexo grupal pero en la práctica verían las incomodidades de las posturas, de satisfacer a varias personas, de dar explicaciones, etc. O les excita la dominación en la fantasía pero en la realidad el dolor no les gusta. Precisamente el hecho de lo prohibido es lo que da más morbo.
¿Tenemos diferentes fantasías mujeres y hombres?

Parece ser que sí, debido, sin duda, a la socialización diferencial con la que se nos educa a hombres y a mujeres. La sexualidad también es un producto cultural, nuestro cerebro es plástico y aprendemos a responder a diferentes estímulos. Los resultados que exponemos a continuación son un resumen de diferentes estudios. Uno llevado a cabo en la Universidad de Montreal,  otro resultado de una encuesta de la sexóloga Yanina Cotarelo y finalmente del expuesto en el reciente libro de Emily Dubberley “El Jardín de los Deseos, evolución de las fantasías sexuales de las mujeres”.
Las mujeres
•    Prefieren en mayor medida que las fantasías se queden en su mente.
•    Entre un 20-40% de las muestras fantasearon con situaciones de sumisión y dominación. Las fantasías de dominación en las mujeres nunca tienen que ver con el deseo real de ser forzadas. Es una manera de relajarse y perder el control para muchas mujeres que suelen llevarlo en la vida real (“descansar, dejarse hacer”), de ponerse en contacto con él para otras que no son capaces de asumirlo en la práctica y, finalmente,  de liberarse de la culpabilidad del sexo (“no, yo realmente no quiero”) para quienes han recibido mensajes de que ellas no deben ser sujetos deseantes.
•    Muchas tenían como objeto de deseo a una persona amada pero distintas situaciones
•    Los sitios más comúnmente referidos eran la playa, una terraza, piscina, un bar, un bosque, un parque, un ascensor u otros lugares públicos. Siempre como receptoras y en ocasiones con cierto exhibicionismo o voyeurismo.
•    También verbalizaron fantasías con otras mujeres (según el estudio, difieren si alcanzan a los hombres o por debajo de ellos), afrodescendientes, sexo grupal, personas famosas y, en menor medida, grupos mixtos.
•    Muchas tienen las fantasías durante la relación sexual (71%).
•    Ellas se sienten culpables de fantasear con otra persona durante la relación sexual, y pueden diferenciar entre sus fantasías durante la masturbación y con pareja. A solas, se permiten pensar en extraños/as, y suben los pensamientos más “exóticos”.
Los hombres
•    En algunas ocasiones la fantasía era deseo sexual. Sí, les gustaría llevarla a cabo.
•    Fantaseaban con otras personas, muchas veces conocidas.
•    En la imaginación, solían ser ellos los proveedores de placer.
•    La principal fantasía era de contenido lésbico, o bien viendo a su mujer con otra mujer. (30-60%), o viendo a otras mujeres teniendo sexo entre sí.
•    Visualizaban prácticas concretas como el sexo oral, el sexo anal o penetración, rara vez con otro hombre.