¿Es el porno una buena fuente de información sexual para los y las jóvenes?

Según las autoras del informe titulado “Básicamente… el porno está en todas partes”, el currículo en formación sexual tiene que crecer y adquirir más relevancia además de incluir educación sexual sobre pornografía. También afirman que el Ministerio de Educación Británico y los colegios deberían comprender la importancia de afrontar el tema: “la única manera de lidiar con la desinformación sexual que ofrece el porno es contraatacando con información de calidad en las aulas.”
 
En el caso del Estado Español, uno de los problemas existentes es que la educación sexual suele ir acompañada de gran controversia, debido a las muchas formas de entenderla. Posturas religiosas, morales o sociopolíticas sobre la sexualidad dividen a la población y suponen un obstáculo fundamental para adoptar una política común que logre promover una educación afectivo-sexual de calidad, no normativa y libre de estereotipos sexistas. Basada en los derechos y la salud.
 
Esta situación, nos ha llevado a que los sucesivos Gobiernos hayan renunciado a apostar por establecer una sólida educación afectivo-sexual en la escuela, principalmente por considerarla competencias del ámbito privado y familiar exclusivamente o por no querer entrar en conflictos sociales, costosos electoralmente. Lo cierto es que ya sea por unas u otras razones, la realidad es que en nuestro país la información sexual que los y las jóvenes reciben en la escuela está básicamente enfocada a la biología de los órganos sexuales y a su función reproductora. La poca información afectivo-sexual que se puede dar en algunas ocasiones en las aulas, cada vez menos, suele venir del profesorado comprometido con esta temática pero al que cada vez se les pone más trabas.
 
En España por ejemplo, las principales fuentes de información sexual para la juventud entre los 15 y 24 años siguen siendo la familia y los amigos, según la encuesta Shering de 2009. Los y las jóvenes que mencionan la escuela como fuente de conocimiento bajaron en el caso de las chicas, de un 47% en 2005 a una 42% en 2009 y en el caso de los chicos del 46% al 35%. Mientras los que dicen recurrir a Internet pasan del 13% al 31% (las chicas) y del 23% al 44% (los chicos).
 
Según Alexa Segura, experta de la Federación de Planificación Familiar Estatal, “que no haya una educación sexual reglada y basada en hechos científicos no quiere decir que los chicos y chicas no tengan preguntas y necesiten respuestas. Buscan otras maneras de aprender” “y cuando se aprende sobre el sexo a través de lo que los medios mayoritariamente difunden o del porno, lo que se recibe es la reproducción de estereotipos machistas, de relaciones violentas y basadas en falsas expectativas. Se reproduce una sexualidad reducida al coito que además deja fuera las prácticas de cuidado mutuo y muchas opciones diferentes a la heterosexualidad, por lo que muchas personas se pueden sentir marginadas”
 
Según las autoras del estudio de Middlesex, no todos los progenitores están preparados para ofrecer una educación afectivo-sexual libre de abusos y basada en relaciones sanas e igualitarias. “La escuela es el único espacio que tenemos para garantizar de forma universal que todos los niños y niñas están protegidos y construyen la capacidad de resistencia frente a posibles efectos de la pornografía en sus relaciones. El contenido de la educación sexual debe abarcar el acceso y la exposición a la pornografía y las prácticas sexuales que son relevantes para las vidas y experiencias de los jóvenes”
 
En este sentido la educación sexual debe ser considerada un derecho fundamental para asegurar la integridad y la libertad de todas las personas. Negar el derecho a elegir libremente la orientación sexual, la forma de convivencia o limitar el derecho al aborto son formas de ejercer violencia. Frente a la ola de conservadurismo y homofobia que recorre Europa, es necesario reivindicar una educación afectivo-sexual basada en relaciones saludables y en derechos, fuera de todo tipo de violencia. Esto es algo que es difícil que se pueda aprender a través de la red.