Desmontando mitos en torno al aborto

Mito 1: El aborto voluntario ya es legal
 
Hagamos un experimento. Salga a la calle y pregunte a la primera persona que pase si el aborto es legal en España. Muy probablemente -al menos hasta el anuncio de la polémica reforma de Gallardón que tanta confusión está generando- ésta contestase con un rotundo sí. Sin embargo, en el Código Penal vigente la interrupción voluntaria del embarazo sigue tipificada como un delito y así se ha mantenido desde su primera regulación en 1985. Si bien la ley de 2010 no contempla penas de cárcel, se mantienen las multas para las mujeres que libremente decidan abortar fuera de los plazos y supuestos establecidos, así como la inhabilitación para los y las profesionales que, por ejemplo, no cumplan con los trámites establecidos. Esta burocracia, lejos de ser inocua, incluye medidas ideológicas y crueles, como la entrega de un sobre con información sobre alternativas al aborto a la mujer que comunica que no desea continuar un embarazo y la imposición forzada de tres días de reflexión antes de practicar la intervención.
 
Mito 2: Las mujeres abortan en cualquier momento de la gestación
 
La ley vigente establece un plazo de 14 semanas de libre decisión de la mujer sobre la continuación o interrupción de su embarazo. Además, hasta la semana 22 de gestación se contempla la posibilidad de abortar en caso de grave peligro para la vida o salud de la embarazada y, durante los 9 meses, en caso de graves anomalías fetales incompatibles con la vida. Pero, en contra de lo que algunas malas lenguas patriarcales difunden, a las mujeres no les da igual abortar en cualquier momento. Las estadísticas del Ministerio de Sanidad relativas al año 2012 muestran que el 90,23% de las mujeres abortan en las primeras 12 semanas de gestación y el 96´09% en las primeras 16. El pequeño porcentaje de mujeres que interrumpe un embarazo en avanzado estado suele corresponder a una dura realidad en la que la alternativa consiste en parir un feto con graves malformaciones como anencefalia, esto es, la ausencia total o parcial de cerebro.
 
Mito 3: La mujeres jóvenes utilizan el aborto como método anticonceptivo
 
Uno de los aspectos que más polémica levantó de la normativa vigente fue la posibilidad de que las mujeres de 16 y 17 años abortasen sin el consentimiento ni conocimiento de sus progenitores. En realidad la ley establece la obligación de informarles, aunque reconoce el derecho de las mujeres de esta franja de edad de decidir la práctica de la IVE exclusivamente a ellas. En los casos en que informar al padre, madre o tutor pueda provocar un “grave conflicto” en las jóvenes, se puede prescindir de este requisito. Los datos oficiales del Ministerio no recogen estadísticas al respecto pero un informe de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI) para el periodo comprendido entre julio de 2010 y octubre de 2011 señala que del total de mujeres que se realizaron un aborto, el 3´23% tenían 16 y 17 años. De este grupo, un 13% no pudieron informar a su familia o representantes legales y entre los motivos para no hacerlo se encuentran situaciones muy diversas: desamparo familiar, progenitores encarcelados, mujeres emancipadas legalmente, menores cuyo padre y madre viven en el país de origen, etc.
En 2012, según datos oficiales, un 60% del total de IVEs practicadas corresponden a mujeres entre 20 y 39 años. Aunque solo un 13% de los abortos se practicaron en mujeres de hasta 19 años, los esfuerzos deben dirigirse a evitar los embarazos no deseados en jóvenes. Para ello, dificultar el acceso a la contracepción e impedir su derecho al aborto no parece la política más adecuada. Tampoco se entiende la eliminación de toda referencia a la educación sexo-afectiva del borrador de ley titulada cínicamente de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Embarazada.

Mito 4: Abortar provoca traumas psicológicos
 
No existe ninguna evidencia médica del llamado síndrome post-aborto, un supuesto cuadro que afectaría a la salud mental de las mujeres que interrumpen voluntariamente su embarazo. Ningún estudio ha vinculado determinados estados de ánimo o trastornos psicológicos ni psiquiátricos con la práctica del IVE. Lo que sí parece lógico es que si una mujer, en lugar de apoyo y comprensión, se encuentra en un entorno hostil, con fuertes convicciones religiosas y morales en contra del aborto, pueda experimentar sensaciones de remordimiento y culpa. En definitiva, al igual que existen tantos motivos para desear ser madre o para no querer serlo como mujeres en el mundo, la forma en que se experimente una IVE -o cualquier otro acontecimiento vital- es particular para cada una y depende de su contexto cultural, socioeconómico, religioso, legal, etc.
 
Mito 5: Las legislaciones restrictivas con el aborto, reducen su número
 

Dificultar la interrupción voluntaria del embarazo no hace que descienda su número. A lo largo de la historia de la humanidad, queda patente que cuando una mujer quiere abortar, aborta, independientemente de las condiciones de seguridad sanitaria y normativa. Existen numerosos métodos caseros (bebedizos de hierbas, introducción de objetos punzantes en el útero, ingesta de pastillas, etc.) para provocar abortos. Según los datos de la ONG Ipas, dedicada a la defensa de los derechos sexuales y reproductivos en el mundo, se producen de media 30 veces más de muertes maternas en países donde el acceso al aborto está legalmente restringido. Además, esto tampoco reduce la tasa de abortos ya que la restricción del aborto suele ir asociado a la escasa, nula o inadecuada educación sexual.